El collar Forzza es una variación del collar de tela, cuya historia es la siguiente:
Enriqueta fue una labrador adoptada. Llegó mal educada de casi 8 meses. No entendía ninguna instrucción. Su nuevo hogar no estaba habilitado para albergar a un perro, así que aprovechaba cualquier descuido para abrir los espacios por donde podía escaparse para así poder ir a cazar gallinas o sumergirse en un charco de lodo.
Para evitar que se perdiera, lo primero que se hizo fue comprarle plaquitas. No duraban ni una semana y se extraviaban, ya fuera por la inquietud de Enriqueta, o por la debilidad de los componentes o aros de donde colgaban.
Mientras Erika habilitaba el espacio a donde Enriqueta llegó a vivir inesperadamente, intentó todas las maneras para mantenerla “etiquetada”: le compró las mejores placas de acero en mercado libre, hizo mil “plaquitas” enmicadas para ponerle una diaria en caso de que se perdieran, le amarró una cinta en el cuello con los datos escritos con plumón, le pidió a una amiga que le hiciera unos identificadores con su plotter, en fin. Lo intentó todo, sin éxito permanente.
Un día harta del miedo de perderla, se le ocurrió: “¡Tengo una máquina bordadora! ¿Y si le hago un collar bordado?”
Y ahí surgió: el primer collar personalizado para perros. SE ACABÓ EL PROBLEMA. Enriqueta NUNCA más volvió a estar sin identificador. Algunas veces más se escapó, pero SIEMPRE la regresaron gracias a la búsqueda y a los datos de contacto de su collar.
Enriqueta ya no está, pero deja el legado de protección para todos los perros del mundo.